El vicio de las carreras o cómo algunas nos venden una solidaridad que no lo es tanto

 Yo muy cerca de la meta de la Correcaminos, 7 de junio de 2015

Yo muy cerca de la meta de la Correcaminos, 7 de junio de 2015

Hace sólo unos meses que me vicié a esto de las carreras populares. Empecé fuerte, corriendo (o intentándolo, al menos) la San Silvestre. Llevaba años saliendo a correr por mi ciudad y por mi pueblo, pero no fue hasta hace más o menos un año cuando decidí dar un paso más en esto del running. Los fallos técnicos me impidieron inscribirme a la de Ponle Freno, y fue ahí cuando me decidí por acabar el año corriendo.

Desde entonces he corrido la Carrera de la Mujer, la Correcaminos de Fuenlabrada, la Beer Runners de Madrid y la Carrera del Patrón de la Policía de Fuenlabrada. Y excepto la Beer Runners, todas tenían algo en común: se vendían como carreras solidarias.

La más decepcionante en este sentido (no así en el de ambiente) fue la Carrera de la Mujer: de los 10 euros de la inscripción, creo recordar que sólo 2 iban destinados a la lucha contra el cáncer de mama. Es triste que se vendan como un gran evento para mujeres que ayudan a otras mujeres, y que la mayoría del dinero se lo embolsen las empresas patrocinadoras.

Ya digo que el ambiente me encantó, y que fue un subidón encontrarme en la clasificación y ver que había entrado entre las 10.000 primeras (de 32.000, tampoco era complicado porque una buena parte de la gente la hizo caminando). Pero sé que si el año que viene vuelvo, será sin dorsal. No quiero que me vendan algo como solidario y que realmente no lo sea.

Tampoco la organización fue tan buena: nos pasamos un rato buscando el ropero, y nadie sabía dónde estaba, y los que entregaban los dorsales en la feria Sport Woman eran bastante desagradables. Pero igual que digo una cosa, digo otra: la feria estuvo muy bien, pude probar un par de actividades muy originales y me vine a casa con una bolsa cargada de regalos. Posiblemente también vuelva aunque no tenga un dorsal que recoger.

Como digo, el resto sí han sido realmente solidarias, o al menos se han ocupado de que lo parezca. En la web de la Correcaminos desglosaban dónde iba cada euro de la inscripción, y quitando los gastos propios de la carrera, el sobrante (7.000 euros), se destinó a la Asociación Nacional de Esclerosis Tuberosa. La organización me pareció mucho mejor, se veía que lo que hacían lo hacían con ilusión, ya que es una carrera organizada por una asociación de vecinos. Y si la organización estuvo bien, el avituallamiento ya ni os cuento: una cervecita y un bocata de panceta.

Después de todo el verano sin participar en una carrera, volví a las andadas con la Beer Runners. Vale, esta no tiene fines benéficos, pero tampoco se embolsaron nada a nuestra costa y nos regalaron una camiseta y una cañita con su tapita.

La última que he corrido ha sido la del Patrón de la Policía, celebrada en Fuenlabrada. En ella, la inscripción eran dos kg de comida no perecedera destinados a Cruz Roja (de hecho, se les entregaba a los voluntarios directamente).

Y ahora estoy esperando ansiosa al 28 de noviembre para la carrera Ponle Freno, en la que se supone que la recaudación íntegra es para las víctimas de accidentes de tráfico. Y viendo todo esto, me estoy pensando que, aunque luego me dé rabia que mi nombre no aparezca en la clasificación, no voy a dar más dinero a empresas organizadoras de carreras si ese dinero se lo quedan ellas, que para que se lo queden ellas ya me lo quedo yo.

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World Press Photo 2015 o cómo sentí que este año no fue lo mismo

Protestas en Estambul, Bulent Kilic

Protestas en Estambul, Bulent Kilic

Ayer fui a ver, como todos los años desde hace tres o cuatro, la exposición del World Press Photo. Allí se muestran las mejores imágenes publicadas en prensa durante el año anterior. Y aunque a nivel fotográfico volvió a parecerme excepcional, con incluso la foto ganadora impresa en 3D para que los ciegos también pudieran disfrutarla, tuve la sensación de que este año había menos fotos.

Seguramente hubiera las mismas, pero estaban alojadas en un espacio bastante más pequeño (de hecho, había momentos en los que tenía que saltar algunas fotos porque estaban abarrotadas de gente, y volver después). Eso sumado a la mala organización para entrar (estuvimos durante una hora en la fila, y cuando llegamos a la puerta nos enteramos de que había descuento para desempleados, algo que en la web ni siquiera mencionaban, cosa que me sentó bastante mal). Con este panorama, no disfruté de la exposición tanto como otros años, pero me queda el consuelo de que al menos pude entrar, ya que sospecho que a bastantes de los que llegaron después que nosotras les dijeron que se fueran, ya que al salir la fila se había disipado y dentro no estaban.

Pero insisto, a nivel fotográfico hubo varias que me dejaron sin aliento:

-La ganadora, del danés Mads Nissen, que muestra a una pareja de homosexuales en Rusia (algo cada vez más perseguido).
-La serie del accidente de Malaysia Airlines fotografiada por Jérôme Sessini, en la que una de las imágenes mostraba uno de los cuerpos aun atado a su asiento, en  mitad de un campo.
-La composición que Malin Fezehai hizo de esta boda en Eritrea.
-La de Gianfranco Tripodo, que no nos pilla tan lejos, de un inmigrante escondiéndose de la Guardia Civil en los bajos de un coche, y al que al final no encontraron.
-La historia a largo plazo de Darcy Padilla, donde contaba la vida de Julie, una madre seropositiva y drogadicta que tuvo una muy mala vida.
-La serie de Kacper Kowalski, que se sube a un helicóptero él solo para hacer fotos aéreas impresionantes, y que no lleva compañía para que no le pregunten por qué las hace.
-En la categoría de naturaleza me gustaron varias, como la de Yongzhi Chu, en la que muestra a un mono encogido de miedo ante su entrenador del circo, o esta de Sandra Hoyn, sobre el peligro que corren los últimos orangutanes en Indonesia.
-Por último, en deportes, la que más me impactó fue la de Mark Metcalfe, no por la imagen en sí sino por la historia que tiene detrás: un jugador de críquet al que le golpeó una pelota en la cabeza. Tras una cirugía le indujeron un coma y murió tres días antes de cumplir 26 años.

Podéis ver las fotos en la web, ya que hoy era el último día para visitar físicamente la exposición. Pero por lo que estoy viendo, quizás sea cierto eso de que no había tantas como otras veces, porque en la web aparecen imágenes que no estaban colgadas en las paredes de la sala del Colegio de Arquitectos. He de decir que eché de menos aquella cámara de fotos gigante (aunque fuera de Canon y yo soy de Nikon) que recibía a los visitantes cuando se celebraba en el Círculo de Bellas Artes. Con un poco de suerte, vuelve a acogerlo el año que viene.

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Que encuentren a Marta o cómo su juicio debería repetirse

Antonio del Castillo, padre de la tristemente conocida Marta del Castillo, lleva, junto a su familia, luchando desde que la chica desapareció en Sevilla el 24 de enero de 2009. Ese día había quedado con su ex novio, Miguel Carcaño. En la cazadora de él se encontró sangre de la chica, que dio varias versiones de dónde habían arrojado el cuerpo, y cambió su declaración sobre los hechos en multitud de ocasiones.

El caso es que hoy, casi siete años más tarde, el cuerpo de Marta sigue sin aparecer, con la consiguiente angustia que esto provoca a su familia. Se supone que Carcaño no saldrá de la cárcel hasta que haya cumplido tres cuartas partes de su condena (esa es otra, si le condenan a 21 años y tres meses de cárcel, que los cumpla), y El Cuco, otro de los acusados, se dedica a agredir a periodistas que están haciendo su trabajo. Porque evidentemente, tal como funciona la justicia en este nuestro país, como era menor en el momento del asesinato, está en la calle y se puede sentar tranquilamente a tomar el fresco en una terracita.

Por eso, la familia de Marta pide que se repita el juicio. Por eso, firmé una petición en Change.org para que lo consigan. Para que estos niñatos dejen de reírse de ellos, de la justicia y de toda España haciendo gastar recursos a causa de sus mentiras. Y por eso, os animo a que vosotros también la firméis si no lo habéis hecho ya. Porque esa chica se merece descansar en paz, y su familia también.

Os copio la carta que el propio Antonio del Castillo ha dedicado a los que hemos pedido que el juicio vuelva a celebrarse:

“En Sevilla a 6 de octubre de 2015

Con esta carta quiero dar las gracias a todas las personas que han firmado y firman nuestra petición, para la repetición del juicio de nuestra hija Marta, porque pensamos que no se hizo justicia y no tuvo un juicio imparcial en ningún momento, cosa que creo que toda España se ha dado cuenta de las diferencias con cualquier otro caso de los llamados mediáticos.

Yo personalmente creo que en el juicio de Marta, se dejaron a deber muchos favores.

Firmado:

Antonio del Castillo.”

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20 años del genocidio de Srebrenica o cómo la sinrazón se apodera de algunas personas

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Hace un par de años visité uno de los lugares más estremecedores que han visto mis ojos: se trataba del Memorial de Potocari, dedicado a los que perdieron la vida en la limpieza étnica que los serbobosnios perpetraron contra los musulmanes … Seguir leyendo

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La llegada de Gurb o cómo un gato puede cambiar una vida

Gurb, nada más llegar a mi casa. Le daba miedo hasta salir de su iglú.

Gurb, nada más llegar a mi casa. Le daba miedo hasta salir de su iglú. 11 de noviembre de 2014.

Hace unos meses, una serie de circunstancias hicieron que necesitara un cambio, y no sé cómo, pero conseguí convencer a mi padre para adoptar un gato. Mi madre era mucho más reticente, y tuvimos más de una discusión, pero por fin, el 11 de noviembre, Gurb llegó a mi vida.

Llegaba muy delgado, con conjuntivitis y la nariz llena de mocos, por lo que pensé que sería simplemente un catarro: le rescataron un día muy lluvioso y frío. Durante días estuve dándole antibiótico, echándole suero en la nariz y dándole muchos mimos. Al llevarle a un veterinario de mi barrio, la “simpática” de la enfermera me dijo algo así como “eso es lo que ocurre cuando se recogen animales de la calle”, por lo que no me volvió a ver el pelo.

Me recomendaron otra clínica con la que estoy contentísima, y en la que hoy, cuatro meses y medio después, me han dado una gran alegría: por fin está curado.

Gurb, hoy, nada más llegar del veterinario y después de que nos hayan dicho que está recuperado del todo. 24 de marzo de 2015.

Gurb, hoy, nada más llegar del veterinario y después de que nos hayan dicho que está recuperado del todo. 24 de marzo de 2015.

Y es que en sus 9 meses de vida ha pasado mucho: al final los problemas de respiración eran debidos a un pólipo enorme en la garganta. Se lo extirparon, pero como secuela de la operación se le quedó uno de los ojos medio cerrado. Parecía un loco, con una pupila siempre más dilatada que la otra. Pero con paciencia, medicación, y sobre todo mucho cariño, está completamente recuperado. Ahora ya podemos disfrutar de sus locuras sin ninguna preocupación. Y podéis creerme cuando os cuento que, aunque suena a tópico, me ha cambiado la vida.

Os dejo un vídeo que hice a los pocos días de llegar, en el que parece que está hablando:

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21 de marzo, Día Mundial del Síndrome de Down, o cómo la vida no va de cromosomas

Niño con Síndrome de Down (Wikimedia/Karein)

Niño con Síndrome de Down (Wikimedia/Karein)

Hoy, 21 de marzo, comparten Día Mundial la poesía y las personas con Síndrome de Down. Y para conmemorarlo, Down España ha subido un vídeo muy emotivo, en el que el lema es que ‘la vida no va de cromosomas’.

El Síndrome de Down (producido por la triplicación espontánea del cromosoma 21 durante el embarazo) ha inspirado durante años los insultos de ‘subnormal’ o ‘mongólico’, entre otros. Por su parte, la RAE incluye la palabra ‘enfermedad’ en la definición, aunque por poco tiempo: la perseverancia de una madre que inició una petición en Change.org ha conseguido que, a finales de este mes o durante la semana santa, desaparezca de la versión online, y ya la han retirado de la nueva edición en papel. Cualquiera que haya conocido a alguien con esta alteración genética se habrá dado cuenta de que son personas extremadamente cariñosas, y de que pueden llevar una vida normal, es la sociedad la que les excluye. Por suerte, cada vez hay más gente concienciada.

Os dejo con el maravilloso vídeo que han hecho, yo lo he visto varias veces y me parece precioso.

¿Conoces a alguien con Síndrome de Down? ¡Cuenta tu experiencia!

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De qué hablo cuando hablo de correr o cómo Murakami me ha inspirado

Portada De qué hablo cuando hablo de correr, de Haruki Murakami

Portada De qué hablo cuando hablo de correr, de Haruki Murakami (casadellibro.com)

A pesar de que hace tiempo que me recomendaron los libros de Haruki Murakami, no fue hasta hace unos días cuando hice caso a la sugerencia. Y no fue uno de sus grandes best-sellers el que ha conseguido que me enganche al autor japonés. Encontré el título De qué hablo cuando hablo de correr en una lista de libros publicada en la revista Women’s Health, y aunque considero que está un poco loco (él mismo lo admite en el capítulo en el que cuenta esa vez que participó en un ultramaratón, esto son, 100 km de una vez), es una buena inspiración para cualquiera al que le guste ese deporte y necesite un pequeño empujoncito.

En esta suerte de autobiografía escrita entre agosto de 2005 y octubre de 2006 (con un epílogo de agosto de 2007), Murakami combina sus memorias acerca del deporte con aquéllas relativas al tiempo dedicado a escribir sus novelas y ensayos. Fue a los 33 años cuando se decidió a correr todos los días prácticamente, sin excusas, y cada vez que salía hacía una media de unos 10 km. Insisto, para mí eso es una locura, ya que el día que conseguí correr 5 km (casi) sin parar (hace unos días, y con alguien que, literalmente, me empujaba cuando pretendía ir andando), terminé por sentirme realizada.

Fotografía de Haruki Murakami, el autor de "De qué hablo cuando hablo de correr"

Fotografía de Haruki Murakami, el autor de “De qué hablo cuando hablo de correr” (Wikimedia/DMS)

Pero con ese entrenamiento tan duro, no creo que sea una gran dificultad para Haruki Murakami correr al menos un maratón al año, participar en algún que otro triatlón, y, como ya he dicho, en hasta un ultramaratón, aunque creo que esa experiencia le marcó tanto como para no volver a repetirla.

Pero es un libro altamente recomendable, tanto si sois unos viciados al deporte (aunque sea a vuestra manera) como si no. Estoy segura de que, como a mí, os hará soltar alguna que otra carcajada.

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